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Archivos de: Junio 2006

HACE UN TIEMPO CONSIDERABLE....

por SAIGO-CAN @ 16/06/2006 - 09:53:51 pm

..., que no escribo en este blog. No es que esté de vago, tan simple que a esta altura del año (y de solo pensar que estamos a la mitad me dan ganas de plantar bandera y decir basta, hasta aquí llegué, pero hay que seguir en esta vida), estoy muy cansado.

Esta noche intentaré transcribir un cuento que he escrito hace ya unos cuantos años.

Por esa época en esta Patria Mia, comenzaban a aflorar de entre las ruinas de una sociedad pulverizada por las malas políticas económicas, cientos de personas raleadas del sistema.

Hombres y mujeres sin trabajo, adolescentes sin oportunidades de vida, niños sin educación, comida y futuro ; ancianos con los brazos caídos, agotados de vivir siempre más de lo mismo.

Hace unos cuantos años escribí un cuento que titulé "LA SEÑORA DEL TAPADO ROJO".

Lo transcribiré tal cual está escrito, espero que sea de vuestro agrado.

Aquí va:

"Primer invierno del nuevo milenio. Mucho frio en esta parte del planeta.
Mi ciudad al estar muy cerca del Río de la Plata, es muy húmeda y en la periferia de la Gran Ciudad, el frio y la humedad cala los huesos con fuerza.
Las calles de mi barrio se encuentran vacías de autos y de personas. Por ahí algún perro abandonado camina por la acera mojada, dejando las marcas de sus patas en una larga e interminable hilera de huellas, en busca de un lugar seco para poder dormitar un frio sueño de abandono.

Todo está en calma.
La noche es reina y señora de las calles.
A lo lejos escucho un ruido de lentos pasos que se acercan y un chirriante ruido de ruedas no engrasadas.

Al mirar hacía la avenida puedo divisar entre la suave niebla, una silueta humana.

¿Cuerpo encorvado por el paso de los años o por el intenso frio reinante?

Por la forma en que se desplaza es por ambos.

A medida que se va acercando, puedo divisar a una mujer vestida con prendas regaladas.

Gorra negra en la cabeza, tapado rojo, pantalón gris muy ajustado en los tobillos, medias amarillas, zapatos de vestir con una correa que se ajusta en el empeine y guantes de lana muy gastados en los dedos.

Camina por la acera despareja, algunas con mosaicos otras de tierra o de cascotes. Todas están a diferentes alturas. La mujer del tapado rojo empuja y otras veces arrastra un carrito (vaya a saber uno de qué supermercado fue sacado).

En su interior apila infinidad de trastos que va juntando en forma selectiva de las bolsas de basura, apiladas en las puertas de las casas.

Ella se detiene en mi esquina.

Yo estoy sentado en el umbral de mi casa, fumando un cigarrilo. La noche es larga y este bendito sueño que se niega a aparecer.

Me quedo mirando a la mujer del tapado rojo y veo cómo en mi esquina comienza a revolver la pila de bolsas, las desgarra con cierta y meditada paciencia; revolviendo en la basura del barrio, en busca de sus preciados tesoros.

Conquistadora de la noche, buscando y rebuscando quién sabe qué cosas, tan solo ella lo sabe.

Me quedo absorto mirando lo metódica que es para ir escarbando, primero palpa la bolsa al mejor estilo policial, si encuentra algo de su interés, ahí comienza a desgarrar la bolsa, caso contrario la deja de lado y continúa con otra.

Noto que algo ha encontrado, se detiene y comienza a tocar despacio. La abre y mira en su interior, se acerca a la luz de la calle y observa. Mete la mano y retira el objeto.

Lo analíza con la sapienza de un experto, da vuelta la pieza para un lado, para el otro, de arriba y de abajo, lo sostiene en la palma de la mano, como calculando el peso. Saca del bolsillo del tapado rojo, una pequeña cortaplumas y raspa la pieza encontrada.

Por debajo de la herrunbre aparece el tan preciado metal.
Aflora una incipiente sonrisa, ella encontró una pieza de bronce. Su sonrisa es grande y deja ver la ausencia de piezas dentales.

Ella encontró el mayor de los tesoros. Con sumo cuidado, mirando para un lado y para el otro, saca del carrito una pequeña caja.

Hecha dentro, el producto de lo encontrado, cuenta la cantidad de piezas halladas, vuelve a contar ..., uno,dos,tres, cuatro..., con la encontrada esta noche juntó diez trozos de metal de diversos tamaños y peso.

Con la venta de lo encontrado puede verderlo y comprarse comida para el sustento diario, pero debe esperar hasta la mañana.

Se frota las manos, se hecha aliento entre ellas, necesita tenerlas caliente, la noche esta muy fria y sus dedos comienzan a entumecerse.

Lleva sus manos a los bolsillos raídos del tapado rojo y los mantiene por un largo rato, hasta que comienzan a tomar un poco de calor.

Con la mirada sigue observando la pila de bolsas acumuladas en la esquina.

El frio es muy intenso, y ella comienza a dar pequeños saltos en la acera. En extraño ritual, intenta darle calor a sus pies, que a esta altura de la madrugada es tan intenso que todo lo hiela.

Cae una helada que todo lo cubre, como un fino manto de hielo.

La mujer del tapado rojo, se aleja un rato de las bolsas y se coloca debajo de un alero, es el único reparo que encuentra.

Saca del interior del tapado un cigarrilo a medio terminar, lo enciende y le da un par de pitadas.

Goza del humo que penetra en sus pulmones.

Da una par de pitadas más, quita la brasa, lo apaga y lo vuelve a guardar.

Sube las solapas del tapado rojo y se acerca nuevamente a la pila de bolsas. Sigue con su búsqueda metódica, con paciencia infinita las va revisando una por una. De una de las bolsas saca resto de una vieja y rancia comida. La acerca a su nariz y la huele, le quita los restos de basura y se anima con un mordisco.

Tan mala no debe estar, en dos bocados termina con ella.

Se da un respíro y continúa con su búsqueda, no encuentra nada que sea de su interés.

Se aleja de la pila y acomoda sus cosas en el carrito.

Nuevamente comienza a caminar por la acera despareja del barrio. Le acaricia la cabeza al perro que se le acercó moviendo la cola en señal amistosa.

Ambos se alejan de la esquina.

Me quedo parado en el umbral mirando cómo se alejan, distingo las huellas que deja el perro en la acera mojada.

Ambos se pierden entre la niebla, que ahora es más espesa.

Únicamente escucho el chirrido de las ruedas del carrito y el taconeo de los zapatos de la señora del tapado rojo".

niebla

Este pequeño cuento lo escribí el 27 de julio de 2000 y ha sido simplemente una vivencia vista en una noche de invierno, sentado en el umbral de la casa de mis padres, fumando un cigarrillo.

El transcribirlo ha traído a mi memoria, el recuerdo de aquella noche.

Se despide desde Baires-Argentina.
Saigo-Can.


 
 

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